Por aquel entonces bastaba con que dos personas se encontrasen en las casas del centro de Tokio para que, casi como la típica conversación del tiempo, hablasen del misterioso Veinte caras.

El misterioso ladrón, apodado Veinte caras, aparecía todos los días en la prensa. Se decía que tenía veinte rostros diferentes. Es decir, que era excepcionalmente bueno disfrazándose.

No importaba si el lugar estaba iluminado o si se le miraba de cerca: no se sabía si estaba disfrazada en absoluto y parecía otra persona. Se dice que puede convertirse por completo en un joven, un anciano, un millonario, un mendigo, un intelectual, un sinvergüenza e, incluso, una mujer.

Así pues, todos desconocían su edad y su rostro verdaderos. De las veinte que poseía, nadie sabía cuál era la verdadera. Es más, es posible que, de cambiar tanto de cara y de apariencia delante de la gente, el propio ladrón se haya olvidado de su verdadero rostro.

La genialidad de sus disfraces traía de cabeza a la policía. No tenían ni idea de cómo demonios buscar su cara.

Al menos, este ladrón solo robaba joyas obras de arte, cosas bellas y raras y artículos de gran valor. No tenía interés alguno en el dinero y jamás había herido, matado o mostrado algún comportamiento cruel. Además, detestaba la sangre.

No obstante, por mucho que la detestase, al ser alguien cuyas acciones eran malas, no se sabía qué haría si se viese en peligro. La gente no paraba de hablar del Veinte caras y la realidad es que le tenían miedo.

Especialmente los ricos de Japón, con montones de objetos valiosos, temblaban de miedo. Porque hasta ahora, y por mucha ayuda que pidiesen a la policía, era un temible ladrón ante el que se encontraban indefensos.

Este Veinte caras tenía una extraña costumbre: cuando quería un objeto valioso, siempre y con varios días de antelación, enviaba un aviso en el que agradecía la generosa aportación. Es posible que, a pesar de ser un ladrón, procurase que no hubiese una lucha desigual. O, para demostrarles con orgullo que, por mucho cuidado que tuviesen, les robaría sin problema y de forma hábil. De todas formas, estaba claro que era un ladrón audaz y arrogante.

Por lo tanto, esta historia es la de la gran lucha de ingenio y de fuerza. Una historia del enfrentamiento entre el misterioso y escurridizo ladrón, maestro del disfraz, y el gran detective Kogoro Akechi.

El gran detective Kogoro Akechi tenía un joven ayudante llamado Yoshio Kobayashi. Este pequeño y dulce detective se movía tan ágil como una ardilla: era algo digno de ver.

En fin, hasta aquí esta pequeña introducción. Vayamos a la historia en sí.


El texto original puedes encontrarlo en este enlace y la novela「怪人二十面相」 de 江戸川乱歩 (libre de derechos de autor) puedes descargarla desde aquí.